Fragmento aparecido en "El último grito" (1968), programa presentado por José María Iñigo y dirigido por Pedro Olea e Iván Zulueta....la letra de la canción es BESTIAL!!!!
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viernes, 7 de mayo de 2010
sábado, 13 de febrero de 2010
Las superestructuras de Perdidos
Otro artículo muy interesante, extraido del Blog de Jorge Carrión.
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“La muerte es la muerte”, dice Benjamin Linus –uno de los villanos más complejos de la narrativa contemporánea– justamente cuando más evidente se hace que en la isla de Perdidos la muerte no es la muerte. Pese a que nos hayamos acostumbrado a los fantasmas y a las resurrecciones, lo cierto es que la teleserie camina hacia su extinción sin vuelta atrás. Una última temporada siempre es un cóctel explosivo de Eros y Thanatos: deseo de conocer el desenlace y duelo incipiente por lo que está a punto de no ser. Pronto desaparecerán los personajes, parte del misterio o las vueltas de tuerca técnicas y argumentales; pero pervivirá una forma de leer. Que se ha impuesto.
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Perdidos - Sexta temporada
El sábado pasado apareció en el suplemento ABCD un extenso reportaje sobre Perdidos (aún no está disponible en www.abc.es), serie cuya sexta y definitiva temporada empezó el martes. Copio una parte que he visto en el blog de Fernández Mallo. El mapa está extraído de Strange Maps y es cojonudo.

ABCD - 07 de febrero de 2010 - número: 935
Andrés Ibáñez
¿Por qué nos gusta tanto Perdidos? Somos muchos los que nos hemos hecho adictos a esta serie después de superar ese acto de fe que es la primera temporada (confiar en que la solución del enigma creciente no será fácil y previsible), y también las aguas estancadas de los episodios centrales de la segunda temporada, para adentrarnos en la increíble tercera temporada, donde la historia crece y crece en oleadas hasta un magnífico final, para luego comenzar a desesperarnos en la cuarta entrega con la llegada de personajes nuevos que no nos caen bien (un joven chino que siempre está de mal humor, una pelirroja bastante antipática y un insoportable físico cuántico tartamudo) y ponernos ya furiosos en la quinta con la definitiva pérdida de rumbo de la serie, sobre todo por la casi completa desaparición de los personajes principales, que son los que de verdad nos interesan: Kate, Jack, Hugo, pero sobre todo Benjamin Linus y John Locke. Y ahora nos queda la sexta y última temporada, en la que el misterio se resolverá, por fin, y que será, como todos sabemos, una gran desilusión. Y a pesar de todo seguimos siendo adictos a Perdidos, una de las mejores series de esa Edad de Oro de las series televisivas que fue el período de entre siglos.
la desilusión. ¿Que por qué sabemos que será una desilusión? Primero, porque es lo que nos decimos a nosotros mismos para que luego nos guste más. Segundo, porque la serie comenzó a hacer aguas cuando en la cuarta temporada aparece el tema irritante de los saltos en el tiempo, una especie de ruptura total de las reglas del juego que complica la ya complicadísima trama hasta efectos mareantes, y no digamos ya el tema, irritante al máximo, de tirar una bomba atómica para destruirlo todo. Tercero, porque Perdidos tiene una estructura narrativa formada por misterios que se amontonan unos sobre otros en capas, y los misterios son tantos y tan complejos que sería imposible resolverlos todos satisfactoriamente. ¿Qué es el monstruo de humo negro? ¿Qué clase de «dioses» con cabeza de reptil construyeron la isla y sus extraños templos? ¿Quiénes son «Los Otros»? ¿Es cierto que la isla es una especie de «caja» dentro de la cual, como en la habitación de Stalker, uno puede encontrar lo que más desea? ¿Por qué no pueden nacer niños allí? ¿Por qué casi todos los personajes tienen problemas con su padre? ¿Por qué es necesario matar al padre para ser admitido por la isla? ¿Existe de verdad una enfermedad contagiosa en la isla? ¿Es la isla un ser inteligente dotado de voluntad propia? ¿Quién es Richard Alpert y por qué no cambia de aspecto con el paso de los años? ¿Quién diablos es Jacob y por qué posee poderes sobrenaturales? ¿Es la isla el lugar al que vamos después de muertos? ¿Es el paraíso? ¿Es el infierno?
espacio pensante. El verdadero protagonista de Perdidos es la isla en sí, el maravilloso escenario natural de Hawai, donde ha sido rodada íntegramente la serie. «El espacio -escribe Frank Lestringant en su ensayo «Pensar por islas» (Revista de Occidente nº 342)-, y más concretamente la topografía, es una forma de pensamiento. De donde surge la siguiente paradoja: el problema no está en pensar el espacio, es el espacio el que piensa». Por eso la isla de Perdidos piensa por sí sola y, como el océano inteligente de Solaris, hace realidad nuestras obsesiones y nos devuelve nuestros errores, nuestros amores, los seres desaparecidos. ¿Es toda la isla un ensueño de Hugo Reyes, una creación de su mente, tal y como le explica Dave con argumentos perfectamente lógicos y casi concluyentes? Eso explicaría que Libby, la fantasía romántica de Hugo, sea una enferma mental que se encontraba en el mismo sanatorio que Hugo, y que Hugo sea capaz de hacer desaparecer, con sólo desearlo, la cabaña de Jacob, el centro neurálgico y tarkovskyano de toda la mística de la isla.
trampas. Pero esta clase de «claves» (hay muchas) son todas trampas y, como las formas de un dibujo de Escher, se cancelan unas a otras. La idea principal de Perdidos es que la realidad no existe, sino que somos nosotros la que la creamos con nuestros pensamientos. Pero la verdadera fascinación de la serie proviene de que es imposible reducirla a un sentido, a una clave: aquí conviven todos los sentidos, todas las claves. Este mundo no es incomprensible e inabarcable por un exceso de misterios, sino por un exceso de explicaciones.
¿Tiene algún sentido lo que sucede en la isla? Ésta es la pregunta que los personajes (y los espectadores) se hacen una y otra vez. Jack, el líder científico y racionalista, lo niega, mientras que John Locke, el líder místico e iniciático, afirma que todas las cosas que suceden allí tienen un propósito. Otro de los personajes principales, el fascinante Mr. Eko, opta por una vía intermedia. «No pido perdón, padre, porque no he pecado», dice de rodillas frente al sacerdote en la impresionante escena de su destrucción. «Yo no pedí la vida que me han dado. Pero me la dieron. Y con ella hice lo mejor que pude». Situada en el centro de la serie (es decir, el lugar más parecido al «final» en una estructura esférica) es posible que ésta sea la solución más elegante que podamos esperar al gran dilema de dilemas que es Perdidos. Cuya sexta y última temporada comienza ahora. Disfrútenla. Namasté, y buena suerte.
ANDRÉS IBAÑEZ
ABCD - 07 de febrero de 2010 - número: 935
Andrés Ibáñez
¿Por qué nos gusta tanto Perdidos? Somos muchos los que nos hemos hecho adictos a esta serie después de superar ese acto de fe que es la primera temporada (confiar en que la solución del enigma creciente no será fácil y previsible), y también las aguas estancadas de los episodios centrales de la segunda temporada, para adentrarnos en la increíble tercera temporada, donde la historia crece y crece en oleadas hasta un magnífico final, para luego comenzar a desesperarnos en la cuarta entrega con la llegada de personajes nuevos que no nos caen bien (un joven chino que siempre está de mal humor, una pelirroja bastante antipática y un insoportable físico cuántico tartamudo) y ponernos ya furiosos en la quinta con la definitiva pérdida de rumbo de la serie, sobre todo por la casi completa desaparición de los personajes principales, que son los que de verdad nos interesan: Kate, Jack, Hugo, pero sobre todo Benjamin Linus y John Locke. Y ahora nos queda la sexta y última temporada, en la que el misterio se resolverá, por fin, y que será, como todos sabemos, una gran desilusión. Y a pesar de todo seguimos siendo adictos a Perdidos, una de las mejores series de esa Edad de Oro de las series televisivas que fue el período de entre siglos.
la desilusión. ¿Que por qué sabemos que será una desilusión? Primero, porque es lo que nos decimos a nosotros mismos para que luego nos guste más. Segundo, porque la serie comenzó a hacer aguas cuando en la cuarta temporada aparece el tema irritante de los saltos en el tiempo, una especie de ruptura total de las reglas del juego que complica la ya complicadísima trama hasta efectos mareantes, y no digamos ya el tema, irritante al máximo, de tirar una bomba atómica para destruirlo todo. Tercero, porque Perdidos tiene una estructura narrativa formada por misterios que se amontonan unos sobre otros en capas, y los misterios son tantos y tan complejos que sería imposible resolverlos todos satisfactoriamente. ¿Qué es el monstruo de humo negro? ¿Qué clase de «dioses» con cabeza de reptil construyeron la isla y sus extraños templos? ¿Quiénes son «Los Otros»? ¿Es cierto que la isla es una especie de «caja» dentro de la cual, como en la habitación de Stalker, uno puede encontrar lo que más desea? ¿Por qué no pueden nacer niños allí? ¿Por qué casi todos los personajes tienen problemas con su padre? ¿Por qué es necesario matar al padre para ser admitido por la isla? ¿Existe de verdad una enfermedad contagiosa en la isla? ¿Es la isla un ser inteligente dotado de voluntad propia? ¿Quién es Richard Alpert y por qué no cambia de aspecto con el paso de los años? ¿Quién diablos es Jacob y por qué posee poderes sobrenaturales? ¿Es la isla el lugar al que vamos después de muertos? ¿Es el paraíso? ¿Es el infierno?
espacio pensante. El verdadero protagonista de Perdidos es la isla en sí, el maravilloso escenario natural de Hawai, donde ha sido rodada íntegramente la serie. «El espacio -escribe Frank Lestringant en su ensayo «Pensar por islas» (Revista de Occidente nº 342)-, y más concretamente la topografía, es una forma de pensamiento. De donde surge la siguiente paradoja: el problema no está en pensar el espacio, es el espacio el que piensa». Por eso la isla de Perdidos piensa por sí sola y, como el océano inteligente de Solaris, hace realidad nuestras obsesiones y nos devuelve nuestros errores, nuestros amores, los seres desaparecidos. ¿Es toda la isla un ensueño de Hugo Reyes, una creación de su mente, tal y como le explica Dave con argumentos perfectamente lógicos y casi concluyentes? Eso explicaría que Libby, la fantasía romántica de Hugo, sea una enferma mental que se encontraba en el mismo sanatorio que Hugo, y que Hugo sea capaz de hacer desaparecer, con sólo desearlo, la cabaña de Jacob, el centro neurálgico y tarkovskyano de toda la mística de la isla.
trampas. Pero esta clase de «claves» (hay muchas) son todas trampas y, como las formas de un dibujo de Escher, se cancelan unas a otras. La idea principal de Perdidos es que la realidad no existe, sino que somos nosotros la que la creamos con nuestros pensamientos. Pero la verdadera fascinación de la serie proviene de que es imposible reducirla a un sentido, a una clave: aquí conviven todos los sentidos, todas las claves. Este mundo no es incomprensible e inabarcable por un exceso de misterios, sino por un exceso de explicaciones.
¿Tiene algún sentido lo que sucede en la isla? Ésta es la pregunta que los personajes (y los espectadores) se hacen una y otra vez. Jack, el líder científico y racionalista, lo niega, mientras que John Locke, el líder místico e iniciático, afirma que todas las cosas que suceden allí tienen un propósito. Otro de los personajes principales, el fascinante Mr. Eko, opta por una vía intermedia. «No pido perdón, padre, porque no he pecado», dice de rodillas frente al sacerdote en la impresionante escena de su destrucción. «Yo no pedí la vida que me han dado. Pero me la dieron. Y con ella hice lo mejor que pude». Situada en el centro de la serie (es decir, el lugar más parecido al «final» en una estructura esférica) es posible que ésta sea la solución más elegante que podamos esperar al gran dilema de dilemas que es Perdidos. Cuya sexta y última temporada comienza ahora. Disfrútenla. Namasté, y buena suerte.
ANDRÉS IBAÑEZ
sábado, 9 de enero de 2010
El pensamiento de la nada - Reflexiones de Chris Stevens desde la K.OSO
"Buenas noches habitantes de Cicely. Incluso de lo que no existe se intenta teorizar, postular y ordenar. Por ejemplo, cuando nos vamos a dormir, en ocasiones hacemos balance de lo que podríamos haber hecho pero no hemos realizado, o de lo que no tenemos y desearíamos tener, como aquella camarera que nos miró dos veces y nos estaba diciendo que en realidad, lo que quería, no era que le pidiéramos otra cerveza, sino que le apuntaramos el número de teléfono en su libreta. Dedicamos más tiempo a pensar en situaciones no vividas o hipotéticas que a reflexionar sobre lo que hemos conseguido o lo que nos sustenta. Dicen por ahí que eso es una fábrica de insatisfacción, un chute directo en vena de negativismo. No lo tengo muy claro. He seguido un curso a distancia sobre el pensamiento de la nada. Mucha teoría y poca aplicación práctica. Supongo que en el fondo, de eso precisamente se trataba, de demostrar que lo que no existe no se puede practicar. Pero una vez más, los académicos no siguen la dirección real de los eventos, ¿por qué?. El séptimo arte nos vuelve a revelar los motivos. Me la pasó Ed la semana pasada, guitarra de Ry Cooder y dirección del gran Win Wenders. ¡Hey gente! Europa existe, no sólo el - ei (L.A). Veo caminar al protagonista de Paris-Texas por la vía del tren y pienso que es la nada más bellamente expuesta, un canto al no ser, a la libertad de no tener destino ni camino, una época que existe sólo en la imaginación del tiempo presente, ese que cuando lo pronuncias ya forma parte del pasado, el que no dura ni un segundo, alejado de todo exhibicionismo. Es que el presente es la nada por excelencia, no tiene imperfecto ni pluscuamperfecto, el presente es el presente simple, sólo eso, pero existe, y está plasmado en la pantalla. Me pregunto si saldrá de los videoclubs y llegará el día en que los calendarios no tengan recuadros de días ni de meses, y sean un espacio en blanco, un día en que al encender la radio no haya música, ni anuncios, ni programas, cuando como en la canción de Brel, uno sólo tenga algo querido (no necesariamente otra persona sino a él mismo) y no le hagan falta más convicciones ni teorías materiales sobre hechos concretos. Supongo que si llega ese momento, los escritores guardarán sus libros por publicar en el PC, los pintores los cuadros en buhardillas, y los poetas, sus versos en el cajón. Ese día la nada habrá triunfado, los fantasmas se congregarán en castillos para desaparecer, no habrá protagonistas, ni glorias efímeras, ni fama, y tendremos todo por descubrir, habrá una luz que nunca se apaga, como predijeron The Smiths (There is a light that never goes out)..."
De la serie Northern Exposure (Doctor en Alaska). Año 1990.
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